domingo, 3 de mayo de 2026

 Incluyo esta nota que fue publicada en el libro de dicion postuma de mi querido amigo Juan Granda Ore, Pero Diaz y la encomienda de los indios Acos. Un ensayo de microhistoria social (1532-1607). La Paz: Centro de Etudios para la America Andina y Amazonica, 2024.


JUAN GRANDA… 20 AÑOS DESPUÉS

A fines de marzo de 1984 llegábamos a Quito un grupo de estudiantes provenientes de Colombia, Perú y Bolivia, que debíamos sumarnos a ecuatorianos, argentinos, colombianos y chilenos, que ya radicaban en el Ecuador, para iniciar ese ejercicio académico que se denominó maestría de historia.

Volvía a Quito casi después de una década, el primer encuentro fue con la Prof. Cristiana Börchart en el antiguo aeropuerto Mariscal Sucre, enclavada casi en la misma ciudad, después de varios minutos de espera llegó el otro compañero proveniente de España, Leoncio López-Ocón. Fuimos a un hotel ubicado en la 6 de Diciembre, era el sitio de acogida inicial para quienes llegábamos de otros países. El siguiente encuentro fue con los dos compañeros peruanos, Carlos Contreras y Juan Granda, en el café del hotel.


Fotografía 1. De izquierda a derecha: Juan Maiguashca, Heraclio Bonilla, Hernán Ibarra, Carlos Contreras, Luis Jaime Ortiz, Leoncio López-Ocón, Augusto Gomez, Silvia Vega, Alonso Valencia, Cecilia Velasquez, Rosario Coronel, Magdalena Cajías, Magnus Mörner, Loreto Rebolledo, Rosemarie Terán, Juan Jauregui.

Fila de debajo, de izquierda a derecha: Silvia Palomeque, Magdalena Carrillo, Carmen Dueñas, Galo Ramon, Martha Moscoso.


Juan como siempre fue una persona muy locuaz y principalmente con una amabilidad, que durante el “Curso” lo mostró constantemente. Una de las primerasinstrucciones que recibimos es que debíamos buscar espacios donde vivir. Y así, por un lado, en el hotel de la 6 de Diciembre se empezó a conformar el grupo de los colombianos (Luis Javier Ortiz Mesa, Augusto Gómez y Alonso Valencia al que se sumó Juan Granda), por otro, el después conocido como grupo Ascázubi (Carlos Contreras, Leoncio López-Ocón y mi persona al que después se va a sumar Rosario Coronel).

Fotografía 2. Quito, julio 1984. Parados: Hernan Ibarra, Hugo Moreno, Martha Moscoso, Galo Ramon, Gerardo Fuentealba, Magdalena Chocano, Luis Javier Ortiz, Frank Salomon, Augusto Gomez, Milton Luna, Cecilia Velasquez, Juan Granda, Loreto Rebolledo, Leoncio López-Ocón, Antonio Males.

Cuclillas: Carlos Contreras, Magdalena Carrillo, Esperanza Soto, Rosario Coronel, Carmen Dueñas, Juan Jauregui.

Cuando iniciamos ese interesante proyecto académico de la primera maestría en historia andina, en la particular circunstancia de que se había logrado concentrar a los mejores especialistas de la etnohistoria andina que en esos años formaban parte de las lecturas en la historia y las ciencias sociales, solo por citar a Assadourian, Platt, Murra, Bonilla, Maiguashca, Fontana, Mörner o Colmenares, quienes junto a un selecto grupo de profesores serían quienes impartieron las distintas materias, junto al Dr. Enrique Ayala Mora, quien cumplía las funciones de Coordinador académico. Ya en la sede del evento, una casa ubicada en Bella Vista que forma parte de lo que se denomina el Quiteño Libre, se va a iniciar ese interesante e importante evento académico como fue la maestría en historia que se daba en la sede quiteña de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede Ecuador. Ahí terminamos por conocer a todos los compañeros ecuatorianos y algunos que venían del Perú como Magdalena Chocano y Esperanza Soto, volví a verla a Magdalena Cajías que había partido unos días antes de La Paz, a la argentina Silvia Palomeque, a la colombiana Cecilia Velásquez y los chilenos Loreto Rebolledo y Gerardo Fuentealba, estos últimos que ya tenían residencia en el Ecuador y por supuesto al grueso de los estudiantes que eran ecuatorianos: María Elena Porras, Rosario Coronel, Rosemarie Terán, Silvia Vega, Galo Ramon, Milton Luna, Hernán Ibarra, Magdalena Carrillo, Hugo Moreno, Martha Moscoso, Carmen Dueñas, como no acordarme de Antonio Males de cuyo libro hice la primera reseña que publiqué en una revista peruana.


Fotografía 3. Quito, 12 diciembre 1984. Parados: Magdalena Cajías, Antonio Males, Cecilia Velasquez, Leoncio López-Ocón, John V. Murra, Juan Granda, Loreto Rebolledo, Carmen Dueñas, Magdalena Carrillo.

Cuclillas: Gerardo Fuentealba, Juan Jauregui, Carlos Contreras

Es en este evento académico, en el que encontré facetas muy interesantes de Juan, mucho se debía a la presencia de grandes especialistas, que formaron parte de la planta docente, y que nos obligaron a fuertes e interesantes debates académicos, en la que muchos de nosotros, hablo ahora en primera persona, decía teníamos que leer más de lo que habíamos realizado cuando cursábamos el pregrado en nuestros países. En ese momento eran los “profesores”, que quién no quisiera tenerlos como tales, o como un cientista social diría, sus trabajos eran lecturas imprescindibles. En varias ocasiones estuvimos en la casa de los colombianos, donde después de consumir unos “tinticos” se hablaba de las tareas y propuestas de nuestros profesores y Juan locuaz como siempre planteaba algunas interrogantes como posibilidad de debate. María Elena Porras y Rosemarie Terán se van a convertir en las grandes amigas de Juan, de alguna manera podría decirse que eran el vínculo que unía al grupo de colombianos con el grupo Ascázubi donde también se hicieron algunas reuniones de debate académico.

Como en el curso teníamos algunos días de receso académico, varios de nosotros volvíamos a nuestros espacios nacionales, en una de ellas volvimos con Juan, él se quedó en Lima, para tomar rumbo hacia Huamanga o Ayacucho como se la conoce. Mientras tomaba rumbo hacia La Paz, en ese viaje habíamos acordado que al retorno a Quito nos encontraríamos en Lima, en la casa de su señora madre en La Magdalena del Mar, donde también conocí a sus hermanos. Después de haber terminado la parte académica iniciamos el retorno a nuestros espacios nacionales, cada uno de nosotros estábamos muy imbuidos en culminar la parte escrita de nuestras propuestas, que al interior del curso lo habíamos presentado y Juan estaba muy convencido de que a través de la etnohistoria se podría mostrar mejor la vida de los pueblos andinos que fueron sometidos a los intereses de las elites españolas a través de las llamadas encomiendas.

El 86 volví a Lima a un evento internacional, después de algunos años nos reencontramos con Juan. Muy fiel a su costumbre nos invitó a estar en la universidad que era su alma mater, junto a un colega boliviano, Ramiro Palizza, y por supuesto con la presencia de uno de los más importantes historiadores, como fue el de Josep Fontana. Ahí en Ayacucho fuimos acogidos en su casa, donde conocimos a “Tila” la esposa. Conocimos a sus grandes amigos, entre ellos a Jaime Urritia, y por supuesto a muchos de sus colegas de la San Cristóbal de Huamanga. Habíamos llegado a esa ciudad emblemática en el periodo de mayor conflicto político en el Perú, por la presencia de Sendero Luminoso.

Con Juan el contacto ya era más esporádico hasta que recibí la noticia que estaba con rumbo a La Paz, fue un encuentro muy grato, vi a un académico que estaba en una fuerte lectura de lo que significó para el Perú, Sendero Luminoso, podría decir que era el otro peruano, junto a Carlos Tapia y Carlos Iván Degregori, que estaban en esas lecturas para comprender la historia peruana contemporánea, aun cuando nunca pude encontrar un artículo al respecto. Juan volvió a La Paz en otras oportunidades en consultorías muy concretas. En esa larga estadía en La Paz, me permitió, como dije, volver a conversar de la historia de la América andina, y como en esos momentos estaba dirigiendo la Carrera de Historia de la UMSA lo invité a incorporarse como docente invitado a la Maestría en Historia que en esos años se estaba dictando.

Con Juan mantuvimos contacto, pero nuevamente esporádico, él había dejado ya su querida Universidad de Guamanga, la consultoría le iba a consumir su tiempo académico. Al parecer había decidido a migrar a Piura, pero por su cercanía al Ecuador, mantuvo constante contacto con sus grandes amigas María Elena y Rosemarie, Guayaquil se convirtió en el nexo.

Hace algunos años atrás nos enteramos de la partida de Juan, que fue sentida por quienes nos considerábamos sus amigos. Se busco en algún momento hacer una publicación conjunta de quienes en su momento fuimos estudiantes de la Maestría en Historia en Quito, e indirectamente se iba a convertir en una publicación de homenaje a Juan, lamentablemente la propuesta termino por naufragar. Cuando iniciamos ese proceso fue cuando me di cuenta que lo escrito por Juan, reitero por haberse dedicado a la consultoría, era difícil encontrar con su firma en un trabajo de investigación. Por supuesto que una gran referencia va a ser la tesis de maestría, para lo cual contamos con la colaboración de Tila, quien nos hizo llegar una versión escaneada, además se contó con la colaboración de uno de sus entrañables amigos, Jaime Urrutia que elaboró la presentación.

La edición se retrasó más de lo debido, se había entrado al proceso de edición del libro, entre ellas había que solucionar algunas palabras ilegibles, se nos vino la pandemia, pero logramos solucionar. En ese trabajo se contó con la valiosa colaboración de Paola A. Villarroel Oyanguren y José Luis Murillo, quienes en lo esencial modificaron el estilo de citación requeridos por el CEPAAA: citas a pie de página, entrecomillados de citas textuales, énfasis de palabras y frases subrayadas a cursiva. Se respetó la grafía de las transcripciones de los documentos coloniales, un ejemplo claro es el nombre de uno de los personajes centrales: Pero Diaz. Además, se normalizó la grafía de los puntos cardinales. Respecto a las cifras se cambió la coma por el punto para señalar las cifras en millares, con el objetivo de diferenciarlas de las cifras con decimales y de las fechas. Los gentilicios fueron cambiados ortográficamente acorde a la normativa actual, es decir en minúscula. También se actualizaron los mapas. Los elementos restantes del texto no fueron modificados, tales como signos de puntuación, entre otros.

Es gracias al apoyo que nos brindó Teresa “Tila” Castañeda confiándonos algunos datos incluido, como nos indicó, la última hoja de vida elaborada por Juan y al trabajo arduo de Paola y José Luis, es el libro que ahora tiene en sus manos Pero Díaz, y la encomienda de los indios Acos. Un ensayo de microhistoria social, 1532-1607 de Juan Granda Oré.

Juan H. Jáuregui

CEPAAA (Bolivia

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